Les presento tal vez a los más radicales y osados buceadores.

Les presento tal vez a los más radicales y osados buceadores.


Imagínate estar usando lo más sofisticado en tecnología actual, tan diferente de lo que se conoce que nos permitiría hacer una inmersión extremadamente radical.
Ahora trasládate a 1880, y si! la foto de portada nada tiene que ver con esta historia.
Sorprendentemente, no todas las grandes exploraciones se miden en distancia o profundidad. Las inmersiones de las que voy a hablar no superaron los 2000 metros de penetración, ni fueron más profundas de 15 metros, pero su significado histórico es incontestable.
Sin embargo, esta tecnología era sólo una parte de la ecuación. El otro aspecto, quizás el más importante, era el afán de superación y la visión de futuro de estos personajes. Los buzos implicados exhibieron un valor casi increíble en una inmersión que humillaría incluso a los mejores Cave explorers de hoy.
El 3 de noviembre de 1880, Henry A. Fluess, un inventor de 29 años, llegó a Portskewett desde Londres. Trajo consigo el primer aparato de respiración autónomo y práctico del mundo. Esta unidad de soporte de vida era en realidad un rebreather muy simple, pero diferente a lo que se había visto antes. Hasta entonces, los buceadores sólo podían usar un compresor rudimentario manual en superficies suministrando aire por medio de mangueras echas de tripas o de cuero cocidas.
En Portskewett se encuentra el túnel de Severn. Durante su construcción, el túnel se inundó repentinamente. Los ingenieros necesitaban que una persona bajara 60 metros por un conducto que tenía 13 metros agua en él, luego recorrer horizontalmente 300 metros en el túnel inundado. La misión era cerrar una compuerta de hierro de un metro cuadrado para que el túnel pudiera ser bombeado.
El equipo convencional de buceo de la época una pesada escafandra, resultó impracticable debido a los 350 de umbilical que tuvieron que ser arrastrados. Imagine arrastrar el peso de 350 metros de umbilical en una cueva una tarea titánica imposible. Los ingenieros del túnel se encontraron con un problema imposible de resolver con la tecnología conocida.
Fluess había hecho un par de inmersiones para probar su nuevo aparato, pero nunca había hecho un buceo de trabajo. No obstante, había venido a ofrecer los servicios de su nuevo dispositivo.
Después de estudiar el croquis del pozo y el túnel, Fluess tendría a Alexander Lambert, un empleado de Siebe Gorman & Co., y buceador muy experimentado, de pie en el fondo del pozo. La idea era que Fluess, que llevaba su rebreather de oxígeno, bajara por el hueco de 60 metros, donde Lambert lo esperaría para desatar el cabo quelo bajaba y luego le señalaría la dirección del túnel inundado.

Téngase en cuenta que las linternas subacuáticas, las comunicaciones, los gases de back up, y la tecnología de soporte en superficie eran una cosa del futuro. Así que imagínense Fluess, esencialmente un no-buceador, usando el primer rebreather experimental de O2, arrastrándose en absoluta oscuridad, entre los raíles del tren, a tientas a través del barro para encontrar el camino, avanzando a través de restricciones y escombros de construcción. ¿Se preguntaba qué iba a fallar primero? ¿Tal vez sería el suministro de oxígeno de la botella de cobre de 30bar o los niveles de dióxido de carbono absorbidos por una fibra de cáñamo impregnado con una solución de potasa cáustica o tal vez incluso su stress? Descartamos la toxicidad por oxígeno, ya que hacía solo cinco años que Paul Bert empezaba a estudiar sus efectos. Y aun los buceadores no conocían sus efectos.

Su primer esfuerzo duró una hora y llego a los 90 metros de penetracion en el túnel a 15 metros de profundidad. Hoy en día eso es más del doble de la exposición permitida de oxígeno NOAA en su PO2, que en sí mismo era peligrosamente alto. Una y otra vez intentó, cada vez alcanzando un poco más distancia. Con el tiempo se hizo evidente que el equipo funcionaba, pero la inexperiencia de Fluess como buceador lo hizo desistir. Alexander Lambert, que luego sería famoso por sus hazañas de buceo en todo el mundo, le preguntó si podía intentarlo. Esa tarde, Lambert se convirtió en el primer buceador en tener entrenamiento con un sistema autónomo de buceo y el primer buceador de Rebreather.
Los intentos de Lambert a la mañana siguiente resultaron en una exitosa penetración 300 metros en el túnel, donde quitar parcialmente la obstrucción de la puerta. Este esfuerzo duró una hora y 30 minutos. En el siguiente intento, quitó la obstrucción final y cerró la puerta de hierro.
La exposición de Lambert a la presión parcial de oxígeno fue más de tres veces superior a la hoy permitida en la tabla de límites de exposición excepcional de NOAA. Además, la PO2 era de 2.0 ata, dependiendo se cómo purgaba el Rebreather (sea por accidente por diseño). Piensen que este buceador estaba realizando un trabajo de esfuerzo, en la oscuridad total y bajo condiciones primitivas, mientras utilizaba un equipo de buceo totalmente desconocido.
En el caso de la hipercapnia, la toxicidad del oxígeno, la hipoxia, la desorientación o la mezcla cáustica, estos pioneros estaban solos. Sin ningún tipo de redundancia, protocolos o entrenamiento, algo que el buceador de hoy lo considera como un hecho, incluso el más mínimo problema podría haber resultado en un incidente fatal.
Esta aventura épica de Fluess y Lambert en el túnel de Severn hace casi 140 años, colocan en otra perspectiva nuestros logros de buceo hoy. Muchas cosas han cambiado desde la época de Henry Fluess y Alexander Lambert, pero la fórmula del éxito sigue siendo la misma: la tecnología y el coraje de los buceadores.



Fotos cortesía X-Ray Mag & archivo publico.

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